Fe y salud mental-Tranqueras de fe con Ricardo Almada
Sobre este episodio
¿Cuál es la verdadera correlación entre la fe y la salud mental? Por: Carlos Pinto | Fuente: psicología cristiana Hasta hace poco, la mayoría de los psiquiatras, médicos, psicólogos y otros profesionales de la salud consideraba a la fe cristiana un factor negativo para la salud mental, señal de inmadurez psicológica y generadora de neurosis y desajustes emocionales. En contraste, en la década de los noventa muchos la perciben como un elemento salutógeno mental y espiritual. Este cambio de actitud está ganando fuerza en la etapa histórica actual, denominada posmodernidad, cuando resurge el tema de la espiritualidad y se da mucha importancia a lo trascendental y a la sanidad espiritual. En este contexto conviene preguntarnos: ¿Cuál es la verdadera correlación entre la fe y la salud mental? En un primer momento de la historia de la psiquiatría, considerado como la etapa de la medicina primitiva, las enfermedades y los procesos de sanidad, tanto mentales como físicos, estaban muy ligados a lo espiritual. No existían los especialistas (médicos, psiquiatras-psicólogos o clérigos); una sola persona ejercía la labor diagnóstica y la curación de la dolencia. En un nuevo paso, Se enfatiza lo natural y se rechaza lo religioso por considerarlo primitivo-mágico. Las ciencias naturales suponen poseer la verdad absoluta, objetiva y racional. De esta manera la religión y la naturaleza del alma dejan de ser temas «apropiados» para los profesionales de la salud. Para entender las razones históricas de la mutua sospecha entre la fe y la salud mental es necesario reconocer el tiempo y legado que nos dejó la perspectiva freudiana y el ateismo de Sigmund Freud. Finalmente, un tercer momento se da en la época actual, la etapa posmoderna, caracterizada por el resurgimiento y reconocimiento de la espiritualidad como un factor que se debe tomar muy en cuenta en los procesos preventivos y terapéuticos en el área de la salud mental y física. La fe o la espiritualidad se ha constituido en una variable real, no subjetiva. Es predecible, y para algunos hasta medible, por lo cual es necesario considerarla en los tratamientos clínicos médicos o psicológicos. La oración, la lectura de la Biblia y la participación activa en comunidades eclesiásticas son ahora consideradas factores terapéuticos o prescripciones dadas por los profesionales de la salud mental a sus pacientes Investigaciones realizadas mayormente en la década de los noventa concluyen que en un ochenta por ciento de los casos la fe está asociada a beneficios que ésta presta en el área de la salud mental y física Otros estudios señalan que la fe es un elemento positivo para la salud mental porque ofrece proveer un propósito definido para la vida, tener fe en Dios, poseer una amplia capacidad de amar y perdonar, facilitar la capacidad de meditar y experimentar paz interior, y el sentirse parte de una comunidad, lo cual conlleva un sentimiento de aceptación. La persona creyente no puede manipular a su antojo la gracia sanadora de nuestro Dios Creador. No es el gritar más fuerte, ni el danzar o el gemir lo que «convencerá» al Todopoderoso para que realice un milagro de sanidad. Este es un esfuerzo vano y que puede exacerbar desórdenes mentales tales como depresiones y sentimientos de culpa en la familia congregacional. El buscar momentos o experiencias de sanidad puede convertirse en procesos de enfermedad cuando se distorsiona el elemento de la fe y se la magnifica interactuando con características propias de la posmodernidad. El gran desafío que estos tiempos posmodernos plantean a los profesionales cristianos de la salud y a los pastores de iglesias es el de evitar presentar la fe bajo un sentido utilitario. La posmodernidad produce personas y sociedades propensas al consumismo, pero los pastores y los profesionales cristianos de la salud mental están llamados a formar discípulos íntegros, no consumistas de milagros de sanidad. Dios no está interesado en momentos de sanidad sino en un proceso continuo de transformación hacia un estilo de vida sana, un proceso de santificación y restauración de la imagen de Dios en el ser humano. La fe cristiana, por lo tanto, no debe ser presentada como la panacea para la prevención o la curación de dolencias. Su significado va mucho más allá de la curación de una enfermedad temporal. La historia nos muestra que por mucho tiempo la psicología negó el factor espiritual y lo percibió como un factor patógeno en el área de la salud mental. Sin embargo, en tiempos posmodernos se legitima y magnifica el aspecto positivo de la fe como factor de salud En #CaminatasyConversas en FM Buen Anuncio 95.7