Nuestra Señora de los Dolores - 15 de septiembre de 2021 │55
Sobre este episodio
Nuestra Señora de los Dolores - 15 de septiembre Madre de Jesús y madre nuestra Paz y gracia a cuantos elevan su corazón en este momento al cielo, escuchando las historias maravillosas de los santos, reunidas en nuestro catálogo divino. Busquemos las enseñanzas de estas páginas doradas que nos invitan a conocer, hoy, 15 de septiembre, las vidas de: San Aicadro de Jumieges, abad; San Alpino de Lyon, obispo; San Apro de Toul, obispo; Santa Catalina Fieschi, viuda; San Nicetas Godo, mártir; San Nicomedes de Roma, mártir; San Valeriano, mártir; Beato Antonio María Schwartz, presbítero; Beato Camilo Costanzo, presbítero y mártir, Beato Ladislao Miegon, presbítero y mártir, Beato Pablo Manna, presbítero; Beato Pascual Penadés Jornet, presbítero y mártir y Beato Rolando de Médicis, anacoreta. El corazón inmaculado de la Virgen María, al presenciar la pasión y muerte de su amado Hijo Jesucristo, experimentó como unas dolorosas espadas de pena y aflicción, lo atravesaban. Por ello en este día la Iglesia conmemora a María Santísima como la Virgen de los dolores. Conozcamos la riqueza espiritual de esta memoria litúrgica. La Virgen de los Dolores es una advocación de la Virgen María. También es conocida como Virgen de la Amargura, Virgen de la Piedad, Virgen de las Angustias o La Dolorosa. Se representa la Madre de Dios con una vestidura negra o morada. Se le invoca en latín como Maria Virgo Perdolens o Mater Dolorosa . Esta advocación destaca el dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo. María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos. Ella, con su compañía, su fortaleza y su fe, nos da fuerza en los sufrimientos diarios. Pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, para así comprender que, esto nos hace capaces de amarlo con mayor intensidad. Señora y Madre nuestra: tú estabas serena y fuerte junto a la cruz de Jesús. Ofrecías tu Hijo al Padre para la redención del mundo. Lo perdías, en cierto sentido, porque Él tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos. María, ¡qué hermoso es escuchar desde la cruz las palabras de Jesús: “Ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu Madre”! ¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo el corazón, donde mora la Trinidad Santísima. Amén. Nuestra Señora de los Dolores Ruega por nosotros