59 │San Atanasio de Alejandría - 2 de Mayo - 2da temporada.
Sobre este episodio
San Atanasio de Alejandría Obispo y doctor de la Iglesia Bienvenidos a un nuevo episodio de catálogo divino, donde la vida de los santos es el mejor motivo para querer vivir el cielo en la tierra. A medida que vamos aprendiendo de los santos, nos damos cuenta que Dios se vale de personas frágiles y con grandes dificultades en su vida para realizar grandes obras. Si al ver el entusiasmo y la bondad de una persona con actitud valiente ante la vida, pensamos en Dios, entonces es una vida que refleja a Cristo y nos deja ver la acción de Dios. Hoy conoceremos a un extraordinario defensor de la fe, que ha dejado una gran enseñanza en sus argumentos refutando las herejías llegando a ser un doctor de la Iglesia. El es San Atanasio de Alejandría. Este gran santo fue una muralla ante sus adversarios, y sin temor aclaraba los conceptos errados que circulaban en medio de la Iglesia. Pero pudo lograrlo gracias a su constante encuentro con el Señor y la búsqueda de canales para mejorar su proclamación de la sana doctrina. Pidámosle que nos ayude a fortalecer estas dos claves para cuidar nuestra fe; Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, concédenos, en tu bondad, que, fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez más plenamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. San Atanasio fue una persona con un gran carácter. Un temperamento fuerte, que le permitió mantenerse firme ante las contrariedades de sus adversarios. Observemos que esos adversarios surgían de sus diferentes criterios sobre cuál es la verdad. Atanasio estaba seguro de sus criterios pues se sostenía en la verdad enseñada por la Iglesia y sostenida por las santas escrituras. Pensemos cuántas veces defendemos ideas de las cuales no tenemos certeza si son ciertas o no. Muchas veces entramos en conflictos defendiendo prejuicios. En cambio, pocas veces buscamos aclarar de una manera pacífica un desacuerdo o una mala información. La Palabra de Dios nos insiste en no juzgar, en comprender, en esperar en silencio hasta que el Señor se manifieste. Para ello debemos cultivar nuestro carácter y dominar nuestro temperamento. Eso facilita que actúe en nosotros la gracia de Dios. El primer impulso es humano y el segundo, divino. Dejándonos llevar del impulso, comúnmente nos formamos ideas engañosas de la realidad, nos quedamos con impresiones erróneas de nosotros mismos y de los demás, cayendo en numerosos conflictos. Busquemos la verdad y acojámosla para que podamos mantenernos en armonía interior y hacia los demás. San Atanasio nos enseña: "Lo propio de una religión no es imponerse, sino persuadir. El Señor no hizo violencia a nadie, dejó a cada uno libre." Ojalá que nunca impongamos nuestros conceptos religiosos. Si vivimos lo que predicamos seguramente, dejaremos más huella en los demás que hablando largos discursos. Dios nos deja libres para decidir,... hagamos lo mismo con los demás… No nos desgastemos insistiendo a otros a que piensen como nosotros. Más bien oremos por ellos y por nosotros para que la luz del Espíritu Santo nos muestre la verdad, y así lleguemos todos finalmente a los pies de Jesucristo. San Atanasio, Ruega por nosotros.