78 │San Agustín de Canterbury - 27 de mayo - 2da temporada
Sobre este episodio
Vamos avanzando hacia la santidad sin darnos cuenta. Cada día con sus retos y dificultades, pone a prueba nuestra fe y nuestras convicciones. Y a cada paso, Dios está junto a nosotros, iluminando nuestro sendero y nuestra conciencia; nos apoya en la construcción de nuestra vida. Esa fue la misma experiencia de los santos: muy sabios o muy prácticos, en sus distintas maneras de vivir, caminaron junto a Dios y se asemejaron a Él. Por ello, pidamos a los santos recordados hoy, 27 de mayo, que también nosotros sigamos santificándonos. Algunos bienaventurados son: San Agustín de Canterbury, obispo; San Atanasio Bazzekuketta, mártir; San Bruno de Wurzburgo, obispo; San Eutropio de Orange, obispo; San Gausberto, presbítero y ermitaño; San Gonzaga Gonza, mártir; San Julio de Dorostoro, mártir; San Ranulfo de Arras, mártir y San Restituto, mártir. Hoy conoceremos un santo que no era tan valiente, pero si… obediente , y por ello, Dios le concedió un gran éxito como misionero en las tierras inglesas. Él es San Agustín de Canterbury. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, sin embargo, se sabe que el inicio de su vida apostólica y misionera se dio en el año 597. Agustín era superior del convento benedictino de San Andrés en Roma. San Agustín empezó entonces a pensar en los obispos de la antigua Iglesia, la Iglesia Bretona, que habían sido arrojados por los conquistadores sajones a las regiones salvajes de Gales y Cornwall. Aislada del resto de la cristiandad, la Iglesia bretona tenía algunas costumbres distintas a las romanas. San Agustín se reunió con sus principales obispos en Wessex. Ahí los exhortó a adoptar las costumbres de la Iglesia romana y les pidió que le ayudaran en la tarea de evangelizar a los anglosajones. Para demostrar su autoridad, San Agustín obró una curación milagrosa en presencia de los obispos; pero éstos se negaron, por fidelidad a la tradición local y por rencor contra los conquistadores. Más tarde, otra reunión fracasó también: como Agustín no se levantó de su asiento cuando llegaron los otros obispos, éstos interpretaron su actitud como falta de humildad y no lo reconocieron como metropolitano. Según cuenta la tradición, san Agustín sentenció que: «Si no querían hacer la paz como hermanos, se les haría la guerra como enemigos». Se dice que esta profecía se cumplió diez años después de su muerte, cuando el rey Etelfrido de Nortumbría derrotó a los británicos en Chester, realizó una gran matanza en el monasterio bretón de Bangor. Agustín murió posiblemente en el año 604, el mismo año que el papa Gregorio. Sus restos reposan en la catedral de Canterbury. Oremos a este gran evangelizador para que no perdamos el horizonte de nuestros esfuerzos: Señor, que con la predicación y los milagros de San Agustín, te dignaste de dar a tu pueblo la luz de la verdadera fe, haz que, por su intercesión, los corazones de los que se han extraviado sean devueltos al camino de la verdad, y que se haga tu voluntad siempre. Amén. Si el misionero es dócil al Espíritu Santo, el mismo Señor se encarga de darle el éxito en todos sus emprendimientos. Nuestra vida es una misión, una misión para amar y servir, pero será exitosa si somos dóciles a la guía del Espíritu Santo. San Agustín de Canterbury, Ruega por nosotros.