190| Santa María Francisca de las Cinco Llagas - 06 de octubre - 3ra temporada
Sobre este episodio
Un saludo fraterno para todos nuestros amigos que disfrutan escuchando el Catálogo Divino. Seguimos adelante confiando en Dios y, además, descubriendo las, una y mil manera en que Dios nos demuestra su amor incondicional. Así es muy hermoso, ser discípulos: no tanto por leer y estudiar mucho sobre Dios, sino al seguirle la pista en la propia experiencia, en la vida cotidiana de su cercanía y su contínua salvación. Por ello, para los santos, no era pesado vivir en función de Dios: más bien era un honor y una alegría cada minuto dedicado a recordar la presencia de Dios y a pensar en cómo servirlo y agradarlo. Busquemos en las páginas de nuestro Catálogo Divino, los nombres de aquellos que ya están en el cielo unidos con el Señor y que recordamos litúrgicamente, hoy, 6 de octubre: Algunos de ellos son: San Adalberón, obispo; San Artaldo, obispo; San Bruno, presbítero; Santa Fe de Agen, mártir; San Francisco Tran Van Trung, mártir; San Magno de Venecia, obispo; Santa María Francisca de las 5 Llagas, virgen; san Ságar, obispo y mártir; san Renato de Sorrento, obispo; san Pardulfo, abad y San Ywio, diácono y monje; Conozcamos a una terciaria franciscana que, al igual que su padre espiritual, San Francisco, llevó en su cuerpo, las heridas de Cristo y quiso amar profundamente a Cristo, reparando e intercediendo con su piedad por la conversión de los pecadores. Ella es Santa María Francisca de las 5 Llagas. Fue bautizada como Anna María Gallo. Oremos con esta pequeña plegarias pidiendo su intercesión: Padre de misericordia, que en santa María Francisca nos dejaste una imagen viva de tu Hijo crucificado, concédenos, por su intercesión, asemejarnos a Cristo en la tierra y ser glorificados con ella en el Cielo. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén. Cuando el papá quiso que ella pidiera dinero por adivinar el futuro a la gente, María Francisca se definió a sí misma, no como una santa sino como una mujer que rezaba con mucha fe. Sin embargo, vivir de esta manera fue lo que la hizo llegar a ser santa. Fue su fe, la fuerza que modeló su conducta, que le planteó un horizonte a su vida, que le guió en qué decisiones y actitudes quería tomar. Por ello, aunque su hogar tenía un ambiente pesado y terrible, su pureza de corazón la ayudó a ver a Dios en todas sus circunstancias y a encaminar su vida, no de acuerdo a los maltratos que recibía, sino a las finas y profundas enseñanzas que Jesús le transmitía con su ejemplo y que acogía con tanta humildad. En la vida real, nosotros actuamos al revés: Nuestro hogar, puede ser un cielo o un infierno de acuerdo a la actitud que deseemos tener. Dios nos ayuda con su gracia, pero la decisión… es nuestra. Santa María Francisca de las Cinco Llagas, Ruega por nosotros.