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"Algunos cazadores incumplen la normativa y las normas básicas de convivencia en el monte"

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Sobre este episodio

Con la apertura de la temporada de caza mayor (arrancando con el jabalí y seguida posteriormente por el ciervo), los montes vascos vuelven a convertirse en el escenario de una recurrente tensión estacional. Aunque la compatibilidad entre el mundo rural y la actividad cinegética es perfectamente viable en la teoría, en la práctica surgen importantes problemas de convivencia entre cazadores, baserritarras, agricultores y senderistas. La normativa que regula la actividad cinegética es extensa y pormenorizada, pero el conflicto surge de forma sistemática por el mal uso de la normativa y la falta de civismo de ciertos colectivos. Entre las infracciones más comunes cometidas por individuos desaprensivos destaca la falta de respeto a la propiedad privada, manifestada en el acceso no autorizado a heredades y el hábito de dejar cercas abiertas, lo que provoca que el ganado se disperse. Asimismo, existe un flagrante incumplimiento de las distancias mínimas obligatorias estipuladas por la ley: 50 metros respecto a caminos y 200 metros a casas aisladas durante la caza mayor (distancia que se fija en 100 metros en el caso de la caza menor). A estas faltas se suma la alteración o manipulación de elementos de las explotaciones agrícolas, llegando incluso a registrarse incidentes con instalaciones como colmenas en plena época de mielada. "La propiedad de un caserío es heredada y equivale a la casa de cada uno. No se puede entrar a cazar por propia voluntad sin autorización." Basura en el monte y caza furtiva Otro de los focos de fricción se encuentra en el impacto ambiental tras las jornadas en el monte. Es habitual encontrar restos de basura, plásticos y cartuchos abandonados por cuadrillas al finalizar la actividad. Conviene recordar que en la caza el tiempo de espera supera con creces al de acción, y es durante esos momentos de parada cuando se genera un volumen considerable de residuos que deberían ser recogidos de forma obligatoria. Por otro lado, la problemática alcanza niveles críticos con prácticas delictivas como la caza furtiva. Agentes forestales y la Ertzaintza mantienen la vigilancia ante episodios graves, entre los que se incluyen la aparición de ejemplares de ciervo macho decapitados para la extracción del trofeo o la instalación de cebaderos clandestinos de maíz cerca de pistas forestales para atraer y abatir piezas de forma irregular. Cazar no es lo mismo que matar Resulta indispensable diferenciar entre los verdaderos cazadores —que cumplen minuciosamente la ley y respetan el medio ambiente— y aquellos escopeteros desaprensivos que acuden al monte sin criterio ni educación ciudadana. La caza puede actuar como una herramienta de control poblacional necesaria ante la superpoblación de especies como el jabalí, las cuales causan severos daños a los cultivos locales. Sin embargo, tal como defendían referentes del ecologismo como Félix Rodríguez de la Fuente, cazar no es lo mismo que matar. La actividad cinegética debe realizarse bajo el prisma de la sostenibilidad, respetando escrupulosamente los senderos, la intimidad de la fauna silvestre y, por encima de todo, el sentido común y la seguridad de todas las personas que comparten el monte.

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