Personas vestidas con gorros de loros activan la iniciativa "No molestar"
Sobre este episodio
Vivimos en territorios ruidosos. A parte de los que proceden de instalaciones industriales, medios de transporte, o maquinarias diversas, está también nuestro propio ruido, el del gentío, el peatonal. En una proporción discreta, el ruido del bullicio, digamos que no molesta y da vidilla. Más inquietantes son las calles silenciosas. Pero en esto, como en casi todo, no somos de termino medio. Cuando estamos en tiempo de ocio, por ejemplo, en cuadrilla, sonamos bastante fuerte, algunos hablan dando el do de pecho, otros se ríen que parece que se han tragado un altavoz y si se juntan varios grupos contundentes en el comedor de un restaurante, pues hacen bastante difícil la comunicación para otros comensales, sobre todo según avanza la comida y la bebida, que asciende el tono automáticamente. Y bueno pues si, hay que ser un poco comprensivo y razonable para no resultar un aguafiestas. Pero en la misma proporción que hay que procurar pasarlo bien pero sin avasallar el buen ratito de los demás. No dejes de escuchar esta Anatomía del Día, que analiza qué pasa cuando esto no sucede, que es bastante a menudo. Con Cristina Maestro.