Robots humanoides: todo va a ser barato, pero ¿de quién será?
Sobre este episodio
Las empresas que más invierten en inteligencia artificial pierden miles de millones al año, y la única forma de que esa apuesta se pague es que la máquina haga trabajo que hoy hacen personas. En tres años, escribir cerca de un millón de palabras con una inteligencia artificial pasó de costar sesenta dólares a seis centavos. Y un robot humanoide que trabaja dos turnos sale a dos dólares la hora, contra los cinco y medio que cuesta tu hora con un sueldo de novecientos dólares al mes (quince mil pesos en México). Esa es la cuenta que nadie te enseña en un anuncio, y en este video la hacemos completa. Pero la pregunta de fondo no es cuánto va a costar todo, sino de quién van a ser las máquinas que lo producen. Para responderla junto tres cosas: la deflación brutal de la inteligencia artificial, la Edad de Oro que Arthur C. Clarke describió en El fin de la infancia (1953), donde las fábricas funcionan semanas sin humanos y lo vital es gratis, pero con un dueño que no cobraba, y la lectura de quienes ya operan en este mundo: que solo los dueños de los modelos más poderosos conservan negocio y que el dinero se convierte en fichas. Pasamos por Adam Smith (obreros y sirvientes), por Huxley (una jaula que se disfruta no se cuestiona), por Leontief y los caballos, por la escalera rota de los países pobres y por los tres errores caros. Al final, tres cosas concretas para hacer mañana con un sueldo de novecientos dólares al mes y tres señales con fecha. El robot puede tardar, pero la cuenta ya está hecha.