LEER, MEDITAR, Y MEMORIZAR LA PALABRA DE DIOS
Sobre este episodio
En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti. ¡Bendito seas, Señor! ¡Enséñame tus decretos! […] Me regocijo en el camino de tus estatutos más que en todas las riquezas. En tus preceptos medito, y pongo mis ojos en tus sendas. En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra. —Salmo119:11–12,14–16 ¿Tiene usted cada día un intenso anhelo por conocer y aprender la Palabra de Dios? ¿Por qué? Jesús enseñó: «Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno com...